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¿Qué es la presión intraocular y cuáles son los riesgos que conlleva?

Seguro que has sentido hablar de la presión ocular, pero no tienes claro que es ni tampoco los riesgos que puede llevar. Pues la presión intraocular, conocida también como PIO, es la acumulación excesiva de líquido que tenemos en el globo ocular y que presiona encima del nervio óptico (conductor de la información desde el ojo hasta el cerebro).

Este líquido, nombrado humor acuoso, circula por el ojo y su función es nutrir las estructuras internas. El equilibrio entre la generación de líquido y el que se evacua controla la presión intraocular. Si este equilibrio se mantiene, la presión ocular será normal, pero si se produce algún error en este proceso y se crea más líquido de la cantidad que pueda salir, la presión dentro del globo ocular aumenta y es cuando el nervio óptico se puede dañar.

La presión ocular es la medida en milímetros de mercurio (mm Hg) y el nivel normal varía entre 12 y 22 mmHg. Si se supera este valor es importante revisar periódicamente la presión intraocular, ya que se podría sufrir hipertensión ocular.

Hipertensión ocular y glaucoma

 

El aumento de la presión intraocular es el principal factor de riesgo para desarrollar glaucoma. Una enfermedad crónica que afecta al nervio óptico. Si no se detecta a tiempo y se trata rápidamente, puede llegar a provocar discapacidad visual y ceguera de forma irreversible. De hecho, el glaucoma es una de las principales causas de ceguera en los países occidentales.

Ahora bien, tener hipertensión ocular no significa sufrir glaucoma, pero sí que es un factor de riesgo. La hipertensión ocular no se puede prevenir, pero sí se puede controlar de cerca. Por esto es importante que la persona con diagnóstico de hipertensión ocular realice controles de vista y revisiones periódicas con la finalidad de controlar y evitar dañar el nervio óptico y consecuentemente desarrollar un glaucoma.

Cualquier persona puede sufrir hipertensión ocular, pero las más propensas son:

  • Personas con antecedentes familiares de hipertensión ocular o de glaucoma
  • Personas mayores de 60 años
  • Diabéticos
  • Miopes o hipermétropes altos
  • Pacientes con determinados traumatismos o enfermedades oculares
  • Pacientes con un ángulo ocular estrecho.

 

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